Normalidad psicológica y violencia de Estado: lo que enseñan las evaluaciones de Núremberg
Por qué el mal masivo del nazismo no se explica por la enfermedad mental, sino por la ideología, las instituciones y las dinámicas de grupo.
Lo que encontraron los evaluadores
Las evaluaciones psicológicas de los principales acusados en Núremberg (1945-1946) no hallaron un trastorno mental que explicara su participación en los crímenes del régimen. El psiquiatra Douglas Kelley concluyó que, salvo casos aislados como el de Rudolf Hess, los acusados no padecían enfermedades mentales que anularan su comprensión de los actos ni su responsabilidad. El psicólogo Gustave Gilbert discrepó y les atribuyó rasgos patológicos, en particular un marcado déficit de empatía.
Ambos aplicaron entrevistas, una adaptación de la escala de inteligencia Wechsler-Bellevue y la prueba de manchas de Rorschach. Todos los acusados evaluados puntuaron por encima del promedio en inteligencia, pero ese dato dice poco: se trataba de una élite seleccionada, y la inteligencia no guarda relación con la conducta moral.
Las revisiones posteriores de los protocolos de Rorschach, en especial las de Harrower (1976) y Zillmer et al. (1995), no encontraron una "personalidad nazi" homogénea ni un perfil clínico común.
Qué explica la participación en la violencia masiva
Esta ausencia de patología coincide con lo que la investigación histórica y social ha establecido después. La participación en la violencia masiva no se explica por la enfermedad mental. Se explica por la combinación de varios factores:
- Una ideología que definía a ciertos grupos como amenazas y legitimaba su eliminación.
- Estructuras burocráticas que fragmentaban las tareas y diluían la responsabilidad individual.
- Dinámicas situacionales como la conformidad con el grupo, la presión de los pares y las expectativas de ascenso.
Browning (1992) mostró que hombres corrientes de un batallón de policía de reserva participaron en fusilamientos masivos sobre todo por conformidad y presión del grupo. También mostró que una minoría se negó sin sufrir sanciones graves, lo que prueba que había margen de elección.
Los límites de la tesis de la obediencia
Sin embargo, la tesis de la "obediencia" tiene límites. Investigaciones como la de Stangneth (2014) sobre Eichmann muestran que muchos perpetradores no eran simples ejecutores pasivos, sino partidarios convencidos del proyecto racial del régimen. Por eso la explicación más sólida no es que "cualquiera lo habría hecho". Es que personas sin enfermedad mental actuaron dentro de un marco ideológico e institucional que convirtió el asesinato en una tarea legítima y, en muchos casos, deseable.
Si el mal masivo no exige locura, tampoco admite la locura como excusa.
La consecuencia ética y jurídica es clara: precisamente porque los perpetradores comprendían lo que hacían, la responsabilidad individual sigue siendo exigible.
Referencias
Arendt, H. (1963). Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil. Viking.
Browning, C. R. (1992). Ordinary Men: Reserve Police Battalion 101 and the Final Solution in Poland. HarperCollins.
Gilbert, G. M. (1947). Nuremberg Diary. Farrar, Straus.
Harrower, M. (1976). Rorschach records of the Nazi war criminals: An experimental study after thirty years. Journal of Personality Assessment, 40(4), 341-351.
Kelley, D. M. (1947). 22 Cells in Nuremberg. Greenberg.
Stangneth, B. (2014). Eichmann Before Jerusalem: The Unexamined Life of a Mass Murderer. Knopf.
Zillmer, E. A., Harrower, M., Ritzler, B. A., y Archer, R. P. (1995). The Quest for the Nazi Personality: A Psychological Investigation of Nazi War Criminals. Lawrence Erlbaum.